Corot no acostumbraba a pintar perros. Sin embargo, dado que es un hombre bondadoso, de gran corazón y un mismo pincel para cualquier encargo, lo hacía sin dudar si el retrato de una mascota podía agradar a uno de sus amigos. El retrato que se ve en el frontispicio de este libro, representa a una raza, Gryphon or Griffon, de la cual yo no tengo conocimiento, pero que sin duda, dará mucho placer a su propietario, igual que cualquiera de los mas populares perros de estos días.Corot ha plasmado una zalamera y muy inteligente criatura de este particular Lou-lou or Tou-tou, o comoquiera que fuese llamado. Esto es mas de lo que se puede decir de todos los perros que los grandes maestros se dedican a pintar. Por ejemplo, no daría la talla en Crufts ese melancólico animal de Piero di Cosimo montando guardia ante el cuerpo muerto de Procris, en el cuadro nº 698 de la National Gallery. Tampoco los jueces perderían la cabeza sobre la sosa bola de lana que sale corriendo detrás de Tobias en el cuadro nº 781, atribuido a Andrew of the True Eye. El artista inteligente que pinta un tema dado o un paisaje, y necesita un perro, normalmente va adonde un experto para que lo ponga. Corot, sin embargo, podía hacerlo todo. En el cuadro nº 3816 de la misma maravillosa National Gallery nos muestra su buen hacer con un hombre a caballo. En cuanto al pequeño Gryphon o Griffon, que es una raza belga, su historia es como sigue. El “buen señor” Corot, aunque un soltero convencido y muy simple en sus gustos, estaba, para copiar la frase de Théophile Silvestre, lleno de una “galantería exquisita” y mantenía buena amistad con muchas señoras de moda. De ellas pintó a unas pocas. Entre estas amigas estaba Mme Cabarras a la que encontramos escribiendo desde Bourberage, cerca de Mortain, el primero de julio de un año que no he podido identificar. Esta es la traducción de lo que mi querido Jean-Baptiste Camille Corot escribió a Mme Cabarras en una carta, de reciente descubrimiento, junto con el retrato, por el critico de arte M. Pierre Borel: “Señora, voy a molestaros otra vez preguntando por el pequeño perro que fuisteis tan amable de ofrecerme el invierno pasado. Yo olvidé hablar sobre ello cuando tuve el placer de veros la ultima vez. Recibiréis, señora, una visita de la persona para la que yo os pedí el perro. Espero de todo corazón que seáis capaz de complacerla, puesto que es grande el deseo de esta señora de tener uno. En cuanto a mi, os quedaría muy agradecido y os doy las gracias por adelantado. Voy de valle en valle para buscar y hacer apuntes. ¡Trabajo duro! Mi objetivo es la obra maestra ¡y nada mas! Cuando vuelva, correré, señora, para ir a veros y daros las gracias personalmente. Hasta entonces, soy, como siempre, vuestro mas sincero servidor," C. Corot Esta fue la carta. Y la conjetura de M. Borel es que, cuando Mme Cabarras satisfizo el deseo de Corot y regaló el pequeño Grifón (aunque para una posible rival en los afectos del “señor”) este retrato fue su premio.
Extráido y traducido de: "If the dogs could write" E. V. Lucas. UK, 1931
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