Stanley Dangerfield
Un hombre renacentista
Peter Baynes

Todavía hoy no puedo creer la suerte  que tuve de tener por amigo a una de las mas grandes personalidades del mundo del perro de nuestro tiempo. Yo, un tipo corriente, luchando en uno de los bajos estadios del mundo perruno, y este sofisticado gentil hombre del sur de Inglaterra con una lista de hazañas que llenaría un libro. Nuestro común vínculo no era solo el amor a los perros sino también que compartíamos el mismo extraño sentido del humor, disfrutábamos de la misma música y bebíamos el mismo güisqui. El en su inflexible forma de beberlo, sin hielo.
Cuando Stanley Dangerfield murió el 28 de setiembre de 1988, era todavía un jovencito de 77 años. No muchos podían adivinar su verdadera edad, y era uno de los que estaban en contra del retiro obligatorio a cualquier edad. Sentía que algunos jueces podían aun hacer un buen trabajo, en tanto en cuanto, como él decía, no hicieran “gugu gaga”. Muy pocos se daban cuentan de que Stanley estaba enfermo, no de mente, sino de cuerpo. El sentía que no estaría siendo justo con los expositores si sus dolores físicos (de los cuales él nunca se quejó hasta el final de su vida) no le permitieran concentrarse.
Sin embargo, continuó escribiendo sus tajantes artículos sobre el Kennel Club en Inglaterra. Estaban entre algunos de sus  mejores escritos. Estoy seguro que molestaron a la autoridad pero aun sus detractores tenían que admitir que estaba en lo cierto en muchos casos, otros eran demasiado miedosos para estar de acuerdo. Puede sorprender a algunos lectores americanos saber que, al mismo tiempo, elogiaba las virtudes del Kennel Club americano y  el mandato de, su entonces, presidente, Bill Stifel.
Stanley disfrutaba el mundo del perro en América, y escribió atractivos artículos de sus viajes allí. Lo que mas admiraba de todo era a los jueces “todo terreno” que encontró, tales como Derek Rayne, Lang Skarda y Bill Kendrick y también tuvo una estrecha amistad con Maxwell Riddle, quien contribuyó con artículos especiales para la Enciclopedia del Perro, editada por Stanley y el difunto Elsworth Howell. Tenía historias sobre todos ellos, incluidos Percy Roberts y Alva Rosenberg.
Tanto como por los jueces sentía una gran afinidad por los handlers, particularmente por los terrieristas. El empezó con Fox Terrier pelo duro en 1936 y, cuando se le presionaba, admitía que los handlers de Terrier en América eran los mejores. En sus propias palabras, George Ward, Ric Chashoudian y Peter Green eran “geniales”.  Escribiendo sobre estilo y presentación dijo: “Pero, por desgracia, es en  los Estados Unidos mas que en Gran Bretaña en donde se encuentra estilo.” A la cabeza de la lista colocó a Frank Sabella, pero admiró a todos los verdaderos profesionales, demasiados para mencionar aquí. También le encantaba escribir y hablar sobre las figuras en nuestro deporte: Gorge Rood, Lina Basquette, Roy Holloway y el difunto Dont Starkweather.
Aunque él promulgó que los criadores de perros británicos eran los mejores en el mundo. Nunca dudo al hacer excepciones en el caso de: Pat Craige, Walter Goodman, Mona Berkowitz y el expatriado Nigel Aubrey-Jones. Y, otra vez hay mas pero no guarde la lista.
El pensaba que había juzgado mas de medio millón de perros en su carrera como juez, que empezó en 1952. Sus encargos le llevaron para mas de 62 diferentes países y yo creo que esto es aun un record. Además fue el Comisario Jefe en Crufts durante una década, el primero en juzgar en solitario  Mejor de Exposición, Secretario del Club del Labrador Retriver durante seis años, Charmain y Presidente del Club de Terrier y, no necesito decir, fue uno de los mas importantes jueces “todo terreno” en Inglaterra.
En este país, a Stanley Dangerfield se le tenía y se le presentaba como una persona encantadora, cortes, delgada, guapa y siempre inmaculadamente vestido, a veces con un toque extravagante.
Desgraciadamente sus éxitos fueron rara vez, si alguna, hechos públicos. Fue su habilidad como juez que le hizo volver cada vez mas y mas a estos  lugares.
Pocas personas saben que en su propio país, aparte de su habilidad para juzgar, fue también una celebridad en la televisión, presentando unos 250 programas sobre perros y otras mascotas. Escribió columnas  para varias publicaciones, incluidas revistas de mujeres y  el destacado periódico nacional “Daily Express” y el “Sunday Express”. Su mas alto orgullo, sin embargo, fue la presentación de la exposición de Crufts para la televisión de la BBC. En la presentación, explicó  al público en general, en términos sencillos, el significado de la exposición y como los jueces tomaban sus decisiones. El era sobre todo, un gran comunicador. Es increíble pensar que llevó a cabo esta tarea durante 27 años. El solo, hizo de Crufts un mundo familiar y, de hecho, para alguna gente él era Crufts. Se retiró de esta ardua tarea mientras estaba aun en plena forma en 1981.
Fue a finales de los años 50 que finalmente sucumbió a los encantos de los grifones de pelo liso. Su primer Grifón, uno de color rojo llamado Tazzle, apareció en algunos programas de televisión y también escribió sobre ella en muchos de sus artículos. Durante los 60  fue Presidente del Club del Grifón e hizo mucho para promover la raza. Tendría grifones alrededor de él  por el resto de su vida.
A Stanley nunca le faltaron las palabras excepto en una ocasión, cuando le presentaron a una señora australiana, una espectadora en una exposición en Dinamarca. Ella, que no era familiar con las exposiciones ni con la reputación internacional de Stanley, le dijo: “¿ Me vas a decir que tu, un hombre hecho y derecho, pasa su vida observando perritos pasear de arriba a abajo, intentando adivinar cual es el mejor?”
Ella fue, desde luego, Lucille, la futura Mrs. Dangerfield, y citando a Stanley:  “Me fije en ella, me case con ella y le regale un pequeño Grifón llamado Seamus como regalo de boda”.
Seamus y su hijo Ginty, formaron parte del mobiliario en “Thatcham”, la encantadora casa de los Dangerfield en Camberley. Padre e hijo tenían su propia personalidad. A Stanley le encantaba mostrar las facultades para rastrear de Ginty recuperando uno de los juguetes ocultos en el jardín. Una proeza que él nunca fallaba. Ginty era un Brabançon de color negro.  Desafortunadamente no le gustaban las exposiciones, sin embargo, a su padre, un Brabançon negro y fuego, le encantaban. Así que llegó a ser el mayor ganador de los Brabançon de todos los tiempos, presentado bien por Lucille o por Stanley. Su color nunca fue un problema en Inglaterra como lo era en USA. Para mi, los grifones siempre serán el recuerdo de aquellos dos  maravillosos perritos sentados en su cojín en el medio de la sala de estar.
A pesar de su estrecha relación con el Grifón de Bruselas, fue en América no en Inglaterra en donde Stanley dio su primer BIS a la raza. La ocasión se presentó en la exposición del Kennel Club de Salinas Valley, el 16 de  agosto de 1981. El perro fue, el pelo duro Ch Wallins Charlie Brown, propiedad de Mme. Sachiko Takada, mostrado por Eddie Boyes.
Stanley DangerfieldStanley nunca dejó que el éxito que tenía con los perros invalidara su amor por los perros, no solo por los perros que tuvo sino por los perros en general. Siempre dijo que no había un perro malo sino malos propietarios. Predicaba esto en su programa de televisión y sus columnas. Fue un gran relaciones publicas para el mundo de los perros. Debido a su carisma el público general le creía cada palabra. Nosotros lo podríamos usar hoy como portavoz.
Creo que, es cierto poder decir que la fama buscó a Stanley Dangerfield y no al reves. Aunque él sacó provecho de las oportunidades que la fama le había dado, también es cierto que no se le subio a la cabeza. Cuando estaba juzgando nunca se quejó sobre la falta de confort de los hoteles baratos, aunque su propia casa era un parangón de confort, llena de tesoros que él había recogido en sus viajes alrededor del mundo. Yo tampoco le oi quejarse nunca de la comida, aunque en su casa se veía como un gourmet. Yo le he visto llegar a las cenas de los jueces en la parte de atrás de una moto, viajar a las exposiciones en el bolido de mi hijo y volver a casa en el viejo wolsvagen de mi asistenta. Nunca sabría nadie que su forma de viajar en Inglaterra era normalmente en su amado Bentley. Quizá es este el porqué disfrutaba tanto sus viajes  a América, podía echar una cana al aire. Daba buenos consejos gratuitamente y yo no siempre los cogía, pero en una ocasión él mas o menos salvó mi reputación. Estábamos en el mismo panel de jueces en Bélgica donde yo juzgaba siete  razas con las que yo era familiar. Todo iba bien hasta que en el último momento, me dijeron que tenía que juzgar el grupo 1º. Había razas allí que nunca había visto antes. Yo estaba anonadado. Me incliné sobre Stanley y le dije: “¿Cómo lo hago?”. Su única y rápida respuesta fue: “Rapidamente”. Yo obedecí y escapé. Siempre guardé las divertidas notas que intercambiábamos. Las suyas estaban normalmente escritas en el billete monetario del país que visitaba, desde todas las esquinas del mundo. Desafortunadamente, Stanley no era un derrochador y por lo tanto los mensajes estaban en el de mas bajo valor. De otra forma podía haber sido rico hoy.
Estaba en su casa cuando él escribió que se retiraría. Simplemente me pasó una página escrita a mano, que podía haber escrito mientras yo estaba en su presencia. Las palabras trajeron lagrimas a mis ojos. No podía creer que una decisión tan momentánea podría ser escrita tan casualmente.
No esperó por mis comentarios, recogió el papel, cogió el teléfono y dictó su nota a la revista de perros Our Dogs, para la que él era un contribuyente habitual.
Era difícil seguir la pista de su enfermedad pues él siempre parecía animoso cuando le hablaba por teléfono. Lucille  mas tarde me haría saber la verdad. Nunca olvidaré el último día  que le llamé; él no contestó pero yo deseaba que me hubiera oido. Tuvo un infarto cerebral y murió poco después.
Mi ámbito familiar es un lugar mas triste sin él, ya que trajo muchas cosas divertidas a nuestras vidas. Nosotros nunca paramos de contar  historias de Stanley Dangerfield, pero no somos los únicos. Su relajado encanto  y conocimiento abarcó a mucha gente y, nosotros creemos que mejoró la vida de numerosas criaturas.
Se movía entre aristócratas, celebridades y otros círculos de la sociedad con igual facilidad. Citando a Rudyand Kipling “El paseó con reyes, pero nunca perdió su toque sencillo”.
Con su talento podía haber tenido éxito en muchos otros campos. Gracias a Dios que él escogió observar pequeños perros pasear de arriba abajo  intentando adivinar cual era el mejor.

Artículo publicado en: "Primera publicación "The Dog Magazine". USA 1991
"Our Dogs" Annual. UK 1999
N. Newsletter nº19. UK
Progress nº 26. UK

Fotos cogidas de: "Our Dogs". UK 1999
"Talking about dogs" S. Dangerfield. UK 1958
"The Perfect Dog Owner" S. Dangerfield. UK 1964
"The International Encyclopedia of Dogs" S. Dangerfield & E. Howell. UK 1971

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